MI AMIGA CARMEN
Carmen, Mari Carmen, María del Carmen...Mari incluso, tengo por suerte muchas amigas que llevan el nombre de Carmen y además de distintos lugares de la geografía española. Carmen se llamaba la madre de mi padre. Fui la primera nieta en la familia, ya había habido nietos pero yo fui la primera chica. Ella quería que me llamaran como ella, Carmen y mi madre que era una mujer inteligente, con sabiduría y con las cosas claras, dijo que no, que mi nombre sería María del Mar y no pudieron hacer nada con eso. Mi nombre es María del Mar. Me encanta mi nombre. Ninguna de sus nietas llevan su nombre ni ninguna de nosotras le hemos puesto su nombre a nuestras hijas. Será seguro por algo.
Está Carmen, maestra ya jubilada que cuando estaba en crisis de su enfermedad cambiaba mi nombre precisamente por ese, me llamaba Mari Carmen. Cuando tenía algún momento de lucidez, me decía: Te he vuelto a llamar Maricarmen ¿no? Y le contestaba de forma afirmativa, a ella le entraba tristeza. Y yo cogiéndole la mano le decía: No importa corazón, nos conocemos y sé que lo dices desde ese lugar que solo tú conoces y ella sonreía, tiene una bonita sonrisa.
Seguidamente, está otra amiga Maricarmen, mujer que bregó con su madre primero y luego con su padre y hermanos. No era la mayor de todos pero sí la tenían como referente porque era la única mujer que quedaba en la familia. De sonrisa suave, a media cara. Recuerdo que decía: ¡qué vamo a asé, es lo que hay! Y mi yo de hace unos 20 años le decía, pues hija se pueden hacer muchas cosas, habla con una, con este, haz lo de más allá, dile a tu hermano que eso no puede ser. Y ella me miraba de esa manera bonita, de cierta aceptación a veces confundida con resignación, que le hacía postergar una y otra vez sus propios deseos.
Luego está María del Carmen, se descubrió hace unos años y desde entonces sigue mirando al frente sin olvidarse de quiénes y de qué tiene a su alrededor. Su sonrisa es abierta, alegre y sus ojos chispean. Ella es de las que se reinventan si es necesario, y lo hace.
También está mi amiga Carmen, mi querida Carmen, mujer valiente, generosa, culta y con muchas ganas de vivir siendo honesta consigo. Ser, puede ser una complicación o una bendición y ella ha encontrado el punto medio para ser coherente y ser feliz. Gran apoyo y sostén en momentos duros de mi vida. Nos conocimos estudiando la carrera de Magisterio allá por finales de los 80 en el primer curso de la Diplomatura de Magisterio que empezó en el Campus de Puerto Real. No había autobuses, ni cantina, ni biblioteca, por no haber, no teníamos sillas en las que sentarnos, ni mesas. Recuerdo que el Aula de Psicomotricidad llegó a final del primer curso...un edificio en medio de los pinos, sol y muchas ganas de aprender y pasárnoslos bien. Luego nos encontramos 23 años después en una escuela, que era nuestra formación, especialidad en Educación Infantil. Y allí coincidimos trabajando unos ocho años y medio. La vocación compartida nos fue uniendo y creció una bonita amistad que perdura hasta hoy.
Estudiando en la Escuela de Magisterio conocí a otra Mari Carmen, de un pueblo de la sierra, nos hicimos grandes amigas y la vida nos llevó por caminos distintos. Hace poco estuve en su localidad, con mi poemario ilustrado EL ENSUEÑO DE LA LUCIÉRNAGA y pensé que a lo mejor vendría a la Feria del Libro o me la cruzaría por alguna de las calles, pasé por la que era su casa.... volví sin verla. Quizás ella me verá en alguna foto o vídeo del Ayuntamiento. La recuerdo con mucho cariño.
Continuando con las Carmen, está mi vecina Maricarmen, la del bloque de pisos donde nos criamos mis hermanos y yo. Nacimos en Sacramento, en la casa, como antes se hacían los partos. Mis hermanos ya no, ellos nacieron en el hospital. Una matrona ayudó en el parto a mi madre y nací en casa, en una de las habitaciones con grandes ventanas que daba precisamente a esa calle, en casa de mi abuela Milagros, la mamá de mi mamá. En las navidades de cuando contaba con 5 añitos, nos fuimos a la que fue nuestra casa hasta que mi mamá pasó a otro plano el 15 de enero de 2018. Recuerdo esas navidades con mucha alegría. En las fotos del evento, estoy con una camisa de cuadros y unos vaqueros. Sus majestades los Reyes Magos me trajeron una plancha, una tabla para planchar, una lavadora....y ahora pienso qué bien me lo pasaba jugando a esos menesteres que hacían las madres y mujeres. Hoy soy yo la mujer y la madre que pone las lavadoras, plancha cuando puede y tiene acumulados unos cuantos trapos. Me gusta mucho el olor de la plancha en la ropa y en las sábanas. No entiendo como se puede dormir en unas sábanas sin planchar....como tampoco el no tener corazón y bombardear algún lugar del planeta porque eres quién tiene el poder y crees que puedes hacer lo que quieras sin pensar en las personas, y en las vidas que están en esos lugares, sean cuales sean. Sigo sin entender cómo las personas pueden actuar con tanta maldad y deshumanización. Sigo sin entender la poca empatía y el juicio que destruye sin apenas conocer el cómo y para qué.
En ese bloque de pisos, mi vecina Mari Carmen también se reía y sigue haciendo. Ella me llamaba y me llama María. ¡María...¿como vas?! María, ¿vas a venir a jugar un rato con nosotros? Ellos vivían en el segundo y nosotros en el quinto. Muchas tardes después de hacer la tarea del cole, nos íbamos a su casa. Allí vi por primera vez la tele en color. En casa la compramos más tarde. Bueno, ese día que fuimos a su casa a ver la televisión en color, estaban ellos que eran cinco, nosotros tres y algunos vecinos más de otros pisos. Fue una sesión divertida, estábamos todos alucinados con los colores y nos dábamos empujones por ponernos en primera fila para ver las imágenes que se iban sucediendo. Cosas de niñas.
También cuento con mi amiga de la infancia, del edificio de la calle Sacramento, mi abuela vivía en el bajo y ellos en las segunda planta. A ella no le llaman Mari Carmen sino por las dos primeras sílabas de su apellido, a ella le gusta. Éramos realmente pequeñas y pasábamos gran parte del día en una casa o en otra. También había en la azotea una familia de la sierra, cercana a Málaga, Alonso y Paca y recuerdo, quizás mi memoria falle o rememore hechos o palabras que realmente no se desarrollaron así y yo... las recuerdo tan nítidamente... Yo subía hasta la casa de Alonso, iba sola, solo nos recuerdo a él y a mí. Era calvo, delgado y estaba sentado en el pasillo que daba a la galería por la que entraba el sol sin deslumbrar, una luz bella. Los escalones eran grandes para mí, era muy pequeña...él jugaba con las palabras y con melodía decía: María.. , alargando la i unos segundos, yo contestaba, del Mar; que tiene las manos de ..decía él y yo de trapo y él seguía y la carita y yo contestaba con una gran sonrisa al revés. Recuerdo eso y los carajillos que se tomaba, alguna vez yo también tomé alguno.
De la campiña de Jerez, otra Carmen, mujer valiente, bonita y muy amada. Compartimos momentos de dibujo, de risas, de volver a nacer en una nueva versión. La sonrisa va con ella y él va de la mano de ella.
Mi prima Mari Carmen, mujer encantadora, dulce, amable, generosa, de sonrisa bondadosa y tierna. Aunque nos vemos poco en esta pequeña ciudad donde ambas vivimos, sé que puedo contar con ella.
Y por último y no menos importante, Carmen de la otra punta del país, zona verde por excelencia, playas amplias y una mar rompiente en el paseo central de una de las capitales de provincia, por la que escribo este homenaje a cada Carmen conocida y apreciada. Ella es pintora, es una señora con mucha experiencia en bastantes ámbitos de la vida. Es una mujer inquieta, sigue estudiando, leyendo e investigando pese a su edad, dicho por ella misma. Admiro su constancia y su respeto. Mi amiga Carmen del Norte, en nuestro grupo de whatsApp de mujeres acuarelistas, afirmaba que iba a tener la disposición de ánimo que caracteriza a Eire, (la muá ) a que tanto la admiro cada vez que deja un video.
Mi querida Carmen, a lo largo de mi vida he estado muy enfadada conmigo y con el mundo pero sobre todo conmigo. Veía y sentía que ocurrían muchas cosas injustas, para mi forma de entenderlas, que obviamente repercutía en mí. Al igual que eso sentía también que la Vida era amable y generosa conmigo. Todo aquello que he pretendido en algún momento de mi vida me ha sido concedido, no cuando yo quería sino cuando ha tenido que ser. Esta creo que fue una de mis primeras toma de conciencia: las cosas son cuando son, ni antes ni después. Eso que dicen que el Maestro llega cuando el alumna está preparada, pues eso. Si es antes puedes que no te des cuenta y si más de sobrao, tampoco. Ahí interviene el ego, del que muchos hablan en estos tiempos. También hace referencia en la energía en la que estás. Puede que seas invisible para algunas, o ellas o tú no estáis en la misma vibración, y para ellas sois invisibles. Mi padre me decía: esta niña tó lo quiere a carajo sacao. Durante muchos años y ya entrada la juventud, no entendía qué significaba esa expresión. Luego me he reído muchísimo. En aquellos momentos me daba coraje y cuando lo manifestaba mi abuela Milagros decía: pues coge un burro y da un viaje; entonces me enfadaba un poco más si cabe. Luego pasaron los años, a veces eché balones fuera, culpé a otros de mis decisiones, ya era coherente, tolerante y constante pero seguía enfadada con todos, con todo y conmigo. Aún así seguía enfadada y aunque asumía en momentos mi parte de responsabilidad seguía eludiendo la en ocasiones. Fueron pasando los años y una cosa tenía clara, la Vida estaba siendo generosa conmigo: tenía familia y amigos que me querían, me he dedicado a distintas profesiones y en todas me he sentido realizada, en estos momentos también, tenía vivienda y capacidad económica para pagar las facturas.. y con todo eso, no estaba lo suficientemente contenta conmigo y lo que sucedía. También he vivido situaciones violentas, de acoso, de falta de respeto. Llegó un momento en que todo lo que creía que era genial, un buen día de primavera, se desplomó. A partir de ahí empezó el cambio de mi nuevo yo. En aquellos momentos no era consciente, ahora sí. Después de eso hubo un proceso de transformación importante en cómo elaboraba pensamientos, cómo expresaba lo que sentía, cómo me relacionaba, qué quería de los demás, cómo dejaba que los demás se acercaran a mí, mi actitud y reacciones ante lo que sucedía... poco a poco con esa coherencia, tolerancia, generosidad y constancia que me ha caracterizado siempre, ahhh y la sonrisa, una actitud positiva ante las cosas...personas y hechos fueron esculpiendo a María del Mar, a Mar hasta llegar a Eire.
Todas somos una. Puedes elegir cómo prefieres llamarme, de hecho ya lo haces.
Luego están mis amigas las Nieves, las Almudena, Macu, las María Jesús, las Mayte, Herminia, Celia, Isa, Myriam, Chari, Silvia, Lourdes.... muchas mujeres Bellas con hermosas sonrisas.
Integré paciencia, escucha activa, empatía, amor (mucho amor hacia mí) y hacia los demás. Incorporé a la ecuación admiración, aceptación de lo que sucede sin juicio. Abracé y reconocí que soy más que mis pensamientos, más que mi cuerpo físico, más que lo que digo y más que lo que hago. A los ingredientes, añadí compasión y paciencia, conmigo sobre todo, y reconocí que me equivoco, a menudo más veces de las que quisiera. Y.. la Vida, Dios, El Universo me sigue tratando con mucho amor y mucha ternura.
Y cuando reconoces eso, aceptas la realidad tal cual es, agradeces el simple hecho de respirar, contemplas la grandeza del ser humano, la belleza de la naturaleza...contemplas y sonríes, solo puedo hacer eso. Y vuelvo a sonreír.
Después aparece la rendición a lo que sucede, a la gente, a lo que escuchas, a lo que ves, a lo que te cuentan de otros, al desarrollo de tu profesión, con mi hijo, mi pareja y la familia....y se produce un gran espacio amplio, luminoso donde cualquier cosa es posible.
Y no es lo que sucede, es lo que haces con lo que sucede. Y desde dónde miras eso: desde el miedo, desde la vergüenza, desde la compasión, desde el rencor o desde la venganza, desde el que dirán o desde la nostalgia.
Además puedes mirar desde el AMOR, desde ahí es donde miro yo. Ni es mejor ni peor, es la mía y una cosa te digo, para mí es el único lugar.
Te miro, te sonrío, te abrazo.
Un abrazo amoroso, Eire
